
Hace exactamente 54 años, en The Forum de Inglewood, los Lakers cerraron uno de los capítulos más épicos de la historia del baloncesto. En 1972 se vio la culminación de la temporada regular más dominante que la NBA había visto hasta ese momento.
Los favoritos más claros de su era
Los Lakers de 1971-72 llegaron a las Finales con la autoridad moral que solo da una temporada histórica. Bajo la dirección del primer año del entrenador Bill Sharman, el equipo terminó 69-13 —récord de la liga hasta entonces— con una racha de 33 victorias consecutivas que sigue siendo récord en el deporte profesional americano. Goodrich y West promediaban más de 25 puntos por partido cada uno. Chamberlain lideraba la liga en rebotes con 19.2 por noche. El equipo anotaba 121 puntos por partido, el mejor ataque de la liga, y además lideraba en rebotes y asistencias colectivas.

El camino a las Finales los confirmó como la potencia del Oeste y rival a vencer. Barrieron a los Chicago Bulls en la primera ronda y luego derrotaron en seis partidos a los Milwaukee Bucks de Kareem Abdul-Jabbar —campeones defensores— en una serie que enfrentó a Chamberlain contra Kareem y a West contra Oscar Robertson. Tras vencer a esa Milwaukee tan temida, los New York Knicks parecían una formalidad para los Lakers, y ese aire se respiraba.
Elgin Baylor, el hombre que había llegado a ocho finales anteriores con la franquicia sin ganar ninguna, se había retirado en los primeros nueve partidos de la temporada por lesión en la rodilla. El campeonato que tanto buscó llegó sin él. Quizás el punto menos triunfal en el contexto del equipo.

Una serie que tuvo su propio drama
Los Knicks llegaron a las Finales como retadores respetables —campeones en 1970— pero con Willis Reed fuera por problemas de rodilla. Su reemplazo, Jerry Lucas, los sorprendió con 26 puntos en el Juego 1 y Nueva York ganó en Los Ángeles de forma inesperada. Fue una llamada de atención para un equipo que los Lakers creían tener controlados.

La respuesta llegó a partir del Juego 2, cuando Dave DeBusschere — el gran rebounder y defensor de los Knicks— se lesionó en la primera mitad y no volvió a ser efectivo en el resto de la serie. Con esa baja, los Lakers tuvieron el camino hecho. Ganaron los Juegos 2, 3 y 4 para llegar al quinto con 3-1 y la posibilidad de cerrar en casa.
El Juego 5 y la actuación ilógica de Wilt
West y Goodrich sumaron 48 puntos entre los dos. Del lado de Nueva York, Walt Frazier dio la batalla con 31 puntos, 10 asistencias y 7 rebotes. El marcador final: Lakers 114, Knicks 100. El sexto campeonato de la franquicia y el primero desde su llegada a Los Ángeles.
Pero la actuación que define esa noche pertenece a Wilt Chamberlain. 24 puntos, 29 rebotes, 8 tapones y 8 asistencias en 47 minutos. Números que rozan lo sobrehumano incluso vistos desde hoy.
Lo que los convierte en algo de otra categoría es la historia personal detrás de ese juego. Chamberlain jugó con la mano dominante fracturada, confesión posterior a la hazaña. Lo supo desde el sábado, cuando vio los rayos X, pero no se lo dijo a nadie salvo al médico.

«En ese momento sentí honestamente que no podía jugar el domingo», confesó. «Pero con una inyección antiinflamatoria y bolsas de hielo, mejoró.»
Y jugó.
Ganó el MVP de las Finales con 35 años siendo el más veterano en recibir ese galardón hasta ese momento, y sumó otra hazaña para reafirmarse a la postre como uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos. Algunos lo colocan como el GOAT, y no es descabellado, pero esa es otra historia…
Lo que quedó de esa noche

Hay algo profundamente literario en toda la foto. Por un lado se rompió una sequía de más de una década sin títulos, y el sexto anillo fue el primero ganado fuera del cuadro nominal de Minneapolis Lakers. West y Baylor con narrativas opuestas entre drama y gloria, y se convirtieron en símbolos de resiliencia condimentando el aura épica que rodea la duela de Los Angeles. El hombre más físicamente dotado de su era ganó el título más importante de su vida con la mano rota, cargando con la victoria y con el dolor sin decírselo a nadie.
Todo fue cine…
54 años después, el 7 de mayo sigue siendo una fecha que los Lakers llevan grabada en su ADN. Aquel campeonato rompió la sequía y sirvió para conducir el camino a lo que hoy representa la franquicia más espectacular de la NBA.
Aaron Osoria en edición.
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Social Media Manager. Productora. Realizadora de escenografía, montaje y coordinación de proyectos creativos.

No conocía dato de la mano de Wilt. Es tan increíble como magic jugando de centro en sus primeras finales. Que grandeza.
El tipo era una bestia totalmente fuera de escala en su época jaja. Lo de la mano son de esos datos que le dan salsa a la historia sin ninguna duda. A Magic le debemos unos textos aquí en el espacio de Showtime.