Segundo cuarto del Juego 1. Los Lakers intentaban mantenerse con vida en el Paycom Center. Chet Holmgren subía al aro. Jarred Vanderbilt lanzó la mano derecha para interrumpir la jugada. Una lesión que analizada a fondo es tan seria como la imagen dolorosa de Vando caminando a los vestidores.

La lesión
Su dedo meñique golpeó el tablero en el ángulo equivocado. Vanderbilt cayó al suelo sujetándose la mano, con claro dolor. Un asistente médico corrió a su encuentro. Los jugadores del Thunder —que tenían una vista privilegiada desde la banca— se cubrieron la cara. Jalen Williams giró la cabeza. Jared McCain no pudo terminar de mirar.
«Se veía bastante macabro, en mi opinión», dijo McCain después del partido. «Ni siquiera sé, honestamente, lo que estaba viendo. Rezando por él.»

Lo que reportaron McMenamin y Charania
Dave McMenamin y Shams Charania —los dos periodistas de NBA más confiables de ESPN— firmaron juntos un reporte que confirmó una luxación completa del dedo meñique derecho. Requirió puntos de sutura porque el hueso rompió la piel.
La cosa es seria.
Una luxación ordinaria del dedo —dolorosa, sí, pero frecuente en el baloncesto— tiene un protocolo manejable: se reduce el hueso, se inmoviliza, se tapa con cinta al dedo vecino. En días, a veces horas, el jugador puede evaluar si regresa.
Pero cuando el hueso rompe la piel, la lesión deja de ser una luxación y se convierte en una luxación abierta o compuesta, una categoría completamente distinta.
El hueso que rompe la piel lo cambia todo

La simple oración da a entender la gravedad, pero es importante dejar el análisis preciso. El tejido óseo y articular expuesto al exterior es extraordinariamente vulnerable. El protocolo médico exige inmovilización inmediata, evaluación quirúrgica y —lo más urgente— cierre de la herida para prevenir infección.
Los puntos de sutura que reportaron McMenamin y Charania son la evidencia de que esa intervención ya ocurrió. Pero el cuerpo médico de los Lakers requiere saber ahora cuánto daño sufrieron los ligamentos, la placa volar y la cápsula articular cuando el hueso salió disparado.
Porque el hueso no sale solo. Cuando una articulación se luxa con esa violencia, los tejidos blandos que la rodean —ligamentos, tendones, nervios, vasos sanguíneos— sufren al mismo tiempo. Y si alguno de ellos requiere reparación quirúrgica adicional, el calendario de recuperación se extiende de manera significativa.
Los tiempos reales, sin optimismo

La NBA tiene datos sobre esto. Un estudio con jugadores de la liga reportó un tiempo promedio de regreso al juego de 57 días en casos tratados quirúrgicamente y 26 días en los no quirúrgicos, con un promedio de 16 partidos perdidos en ambos grupos.
El escenario más optimista —un protocolo acelerado con fijación de placa y tornillo— puede reducir ese tiempo a cuatro semanas. Posible, pero quizás innecesario.
Lo que sí puede ocurrir —y los médicos del equipo lo estarán evaluando— es un regreso con protección. El meñique puede vendarse, inmovilizarse con cinta, reforzarse con una ortesis personalizada. El dolor será el árbitro final, y los ligamentos necesitan tiempo para cicatrizar, independientemente de la tolerancia del jugador.
Aquí está la ironía que hace esta lesión particularmente cruel para los Lakers: el valor de Vanderbilt no es ofensivo.
Lo que Lakers pierde

Vanderbilt es el cuerpo; el que pone las manos, el que interrumpe ritmos, el que hace el trabajo sucio que no aparece en el marcador pero que se siente en la dinámica del partido. En esta postemporada promedió 4.4 rebotes en apenas 13.4 minutos por partido.
El problema es que ese rol —manos arriba, contacto constante, lucha física por posición— es precisamente el que más expone un dedo lesionado a un nuevo impacto. Regresar antes de que la articulación haya sanado arriesga una nueva luxación, posiblemente peor.
Y los Lakers ya vienen cargando el peso de su propia enfermería. Austin Reaves apenas regresó de una lesión en el oblicuo. Dončić sigue fuera por los isquiotibiales. Ahora Vanderbilt.
¿Regresa Vanderbilt o es out el resto de la serie?
Todo indica que se acabó para Vando, si bien existe una pequeña posibilidad de retorno. Objetivamente, no sería bueno ni para el jugador ni para el equipo forzar. La rotación que de por sí ya era corta, ahora está en sequía de desierto. Le toca a Redick ampliar su plan de gestión y buscar otro jugador para la rotación si quiere evitar una barrida.
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Máster Arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.

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