Lakers ni necesitó finalizar con sus titulares en la duela, siendo muy superior a su rival en ambos costados y demostrando que esto es de hacer y no de hablar ¿Houston no era el mejor equipo según declaraciones de sus propios jugadores? Se acabó el juego, a casa los niños y los grandes a lo que sigue.

Primera mitad impresionante
Los Lakers dominaron la primera mitad con una autoridad que los números no hacen sino confirmar. El equipo fue de menos a más y de a poco fue controlando a unos Rockets sin pólvora.
Con un 40.0% en tiros de campo y un sobresaliente 46.2% desde el perímetro —6 triples convertidos en 13 intentos—, los angelinos llegaron a tener ventaja máxima de 19 puntos. Houston por su parte, con una noche de pesadilla ofensiva: apenas el 28.6% en tiros de campo y un paupérrimo 2 de 12 desde el arcoíris, el 16.7% que resumió su incapacidad para sostener cualquier intento de reacción a pesar de iniciar con mucho ímpetu.

LeBron James lideró con 18 puntos, 5 asistencias y 3 rebotes en apenas 20 minutos, una cifra que habla tanto de su rendimiento como de la comodidad en el manejo del ritmo y la situación conforme fueron pasaron los minutos.
Rui Hachimura acompañó con 10 puntos y una efectividad del 50% desde el campo, mientras que Marcus Smart, sin anotar, firma quizás la actuación más influyente en pista con un diferencial de +15, 2 robos y 2 bloqueos que explican buena parte de la parálisis ofensiva del rival. Regresó el Marcus que los Lakers necesitan.
La historia del partido no está en la pintura —22 puntos Lakers, 20 Houston, un equilibrio que desnuda dónde no está la diferencia—, sino en la transición y el cuidado del balón. Los Rockets perdieron hasta entonces el balón 10 veces; los Lakers convirtieron esas pérdidas en 12 puntos.
En el contraataque, la ventaja es aún más elocuente: 14 a 4. A eso se suma el dominio en el rebote, 28 a 21, que cierra el círculo de un equipo que no solo anota mejor, sino que no le da a su rival una segunda oportunidad para intentarlo. El trabajo de Ayton fue gigantesco bajo el aro y ante un Şengün reducido gran parte del primer tramo.
El resto fue historia

En la segunda mitad, el guion apenas cambió. Cada vez que Houston amagaba con un parcial para meterse en el partido, la respuesta de los Lakers llegaba desde el triple o desde la paciencia en media cancha. Los angelinos nunca se salieron del libreto: ataque equilibrado, lectura constante de las ayudas y una circulación de balón que se refleja en las 27 asistencias, más del doble que las 13 de los Rockets.
Mientras el equipo local forzaba aclarados y lanzamientos complicados sobre bote, los laguneros encontraban al tirador abierto una y otra vez. A rockets no le entraron jamás los triples, y la defensa de los JJ fue tan magistral, que no hubo un solo jugador rival que no fuera anulado.
El punto de quiebre definitivo se dio en el tercer cuarto. Ahí, los Rockets se toparon con un muro en la pintura y, sin soluciones desde el perímetro, su ofensiva se volvió predecible y desesperada.
Los 14 balones perdidos de Houston frente a los 11 de Lakers no parecen una cifra extrema, pero el contexto importa: muchas de esas pérdidas llegaron en momentos clave, cuando la diferencia aún permitía soñar con una remontada. Los de Redick castigaron casi cada error con triples en transición o con cortes directos al aro, aprovechando la atención que generaba LeBron en la parte alta del ataque.
Smart regresa como líder defensivo

Marcus Smart volvió a ser el guardián de la identidad defensiva de los Lakers. No necesitó una línea ofensiva escandalosa para marcar el partido. Se adueñó del punto de ataque, persiguió a los generadores de los Rockets por toda la cancha, ensució líneas de pase y convirtió cada bloqueo en un choque físico.
Su presencia al frente de la defensa permitió que el resto del sistema funcionara: con Smart apretando el balón, los interiores llegaban a tiempo a las ayudas y el perímetro de Houston se fue apagando hasta firmar una de sus peores noches de la temporada.
LeBron es una absoluta locura

LeBron James jugó en Houston un partido de esos que definen series y relatos de playoffs. Además de sus 28 puntos, la cuestión fue cómo los repartió: cada racha de los Rockets se estrelló contra una decisión suya, ya fuera una penetración al cuerpo de los internos, un triple frontal a sangre fría o una lectura milimétrica para soltar el balón en el momento justo.
Asumió 25 tiros como si el reloj de su carrera no existiera y sostuvo el tono físico del juego durante 37 minutos, imponiendo su presencia en ambos lados de la cancha y poniendo una firma generacional más en su hoja de servicio.
Pero quizá lo más impresionante fue el control del ritmo y de las emociones colectivas que ejerció. Sus 8 asistencias son la evidencia de que convirtió a los Rockets en un equipo reactivo, siempre un paso detrás de sus decisiones. Cuando aceleró, llegaron puntos fáciles en transición; cuando frenó, el partido se convirtió en un laboratorio de media cancha donde él decidía quién tiraba, desde dónde y contra qué defensor. LeBron sigue siendo el rey.

Ahora OKC
Lakers tiene un día más asegurado con la remontada de Detroit sobre Orlando (serie que irá a 7 juegos) y esa batalla será una montaña áspera bajo una tormenta sin descanso en la escalada. Ya habrá tiempo de ese análisis. De momento, la primera ronda ya es historia contra todo pronóstico, con un Reaves de vuelta y un LeBron titánico, a la espera del regreso de Luka…
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Máster Arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.
