
El guion del Juego 4 duró un cuarto. Houston salió agresivo, defendiendo arriba y jugando físico desde el salto inicial, y los Lakers respondieron con ritmo: Kennard fino en sus movimientos, LeBron activo en ambos lados, una contrapropuesta que prometía partido. Fue fugaz. A medida que avanzaron los minutos, los locales fueron imponiendo su superioridad de forma sistemática hasta hacer del partido un ejercicio de resistencia que Lakers jamás pudo sostener.
Cómo se construyó la diferencia

El segundo cuarto marcó el punto de quiebre. Houston amplió la brecha jugando a otro ritmo y con una urgencia que los Lakers no pudieron igualar. El tercero fue un vendaval: varios jugadores de Los Ángeles en nivel bajo, defensa inexistente por tramos ante las penetraciones constantes de los Rockets y una ofensiva que desapareció por completo. Ayton que estaba haciendo de lo mejor en ofensiva —19 puntos a 5 minutos de acabar el tercer cuarto— le marcaron una flagrante 2. Listo, ahí se terminó por completo el partido.
JJ vuelve a reincidir en sus defectos

Antes del último cuarto, los Lakers perdían por 20 puntos. JJ Redick sacó a los titulares —una decisión que algunos consideran tardía, sobre todo mantener tanto tiempo en la duela a LeBron y a Smart. Esta conducta de “castigar” a un LeBron visiblemente cansado y errático conforme avanzaba el juego, son el tip de cuestiones que se le reprimen al coach de Lakers. Menos sostener a un Smart que hace nada estuvo un mes fuera por lesión. La terquedad de JJ hoy pudo costar más todavía.
Adou Thiero mostró atletismo en los minutos finales. Poco más a destacar. La ventaja llegó a ser de 28 puntos y el marcador final fue el reflejo exacto de lo que ocurrió: un equipo local que salió a arrollar y no encontró resistencia real después del primer cuarto.
Los números que explican el colapso

La paradoja táctica del partido está en el tiro. Los Lakers dominaron la pintura —54 puntos en el área restringida frente a 46 de Houston— y terminaron con un 50% global de tiros de campo. Esa ventaja fue irrelevante porque el perímetro se derrumbó por completo: Houston convirtió 12 de 30 triples para un 40%, mientras los Lakers apenas encontraron 5 de 22 para un 22.7%. La disparidad desde la larga distancia generó 21 puntos de diferencia que la ventaja en la pintura nunca pudo compensar.
El factor que más daño hizo fue el control del balón. Los Lakers entregaron 24 posesiones —frente a 13 de Houston— con 17 robos de la defensa local como principal causa. Ese desorden logístico se tradujo en 30 puntos de contraataque y 30 puntos adicionales generados directamente desde las pérdidas. La eficiencia por posesión resume la brecha: Houston operó a 1.19 puntos por posesión mientras los Lakers se quedaron en 0.99, por debajo del umbral mínimo de competitividad en playoffs.
En rebotes el total fue similar —37 de los Lakers, 35 de Houston— pero la efectividad fue distinta. Los Rockets capitalizaron sus 11 rebotes ofensivos para generar 20 puntos en segundas jugadas, frente a los 13 de Los Ángeles en la misma categoría.
La pregunta que deja el partido

¿Udoka encontró finalmente la clave táctica o fue simplemente la inercia natural de un equipo que podía ser barrido en casa y reaccionó desde el orgullo? Probablemente las dos cosas al mismo tiempo, y separar una de la otra es más difícil de lo que parece después del resultado. Houston no encontró una fórmula mágica, pero puede recular para brindar algo mejor de lo que viene haciendo (tampoco es que hoy mostraran algo distinto). Pero la confianza es peligrosa (para los dos lados según las perspectivas).
Lo que sí es claro es que los Lakers perdieron por una combinación específica de ineficiencia perimetral y negligencia en la protección del balón —dos problemas que en un Juego 5, con la serie 3-1 y Houston con vida, no pueden repetirse. A Houston hoy le entró todo y a Lakers nada, y cuando a los angelinos les falla el tiro, no hay plan B…
La serie regresa a Los Ángeles. El Juego 5 espera.
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Máster Arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.
