El último episodio de El Laboratorio en Pinto Lakers es una clase magistral de Jorge Lorenzo sobre cómo un equipo se construye alrededor de un plan, cómo lo ejecuta, y cómo se rompe cuando se aleja de él.

Şengün: un sistema ofensivo, no solo un pívot
La ausencia de Durant desplaza el foco y convierte a Alperen Şengün en el verdadero eje del ataque de los Rockets. El Laboratorio es categórico: el turco no es solo un pívot anotador, sino que es un sistema ofensivo en sí mismo.
Şengün se alimenta de posiciones profundas cerca del aro. Recibir en el dunker spot o en poste bajo con un pie en la pintura equivale a ventaja casi automática: desde ahí, su combinación de cuerpo, tacto y visión de juego le permite finalizar, sacar faltas o encontrar al tirador liberado cuando llegan las ayudas.

Por eso la instrucción es ser duros con él desde el principio, negarle esa posición interior y empujarlo medio paso fuera de su zona de confort. El contacto tiene que llegar antes de la recepción, no después, porque una vez que Şengün controla espacio y equilibrio, desplazarlo tiene un costo alto en faltas y energía.
El impacto va más allá de sus puntos. Cuando Şengün se siente cómodo, el lenguaje corporal de Houston cambia: crece la agresividad de sus compañeros, sube la actividad en cortes y rebotes ofensivos y el partido se juega al ritmo emocional que él marca. Controlarlo significa, en buena medida, controlar el ánimo del rival.
El muro defensivo: triángulo, fisicalidad y rebote

Más allá de los nombres propios, Lorenzo propone una estructura defensiva de tres pilares.
El primero es una defensa individual que oriente el bote —no para robar cada balón, sino para guiar al manejador hacia zonas donde la ayuda ya está preparada: hacia la banda, hacia la línea de fondo, hacia la mano débil. El desborde, cuando ocurre, debería producirse en la dirección que la defensa eligió, no donde el atacante quiso.
El segundo es el triángulo defensivo en el lado fuerte: quien marca al balón, quien ayuda y quien cierra la línea de pase más cercana. Si ese triángulo funciona, los Lakers pueden permitirse ayudas al poste o al pick and roll sin que la jugada termine automáticamente en triple abierto en la esquina.
El tercero es el cierre del rebote. Lorenzo subraya que muchas posesiones bien defendidas se convierten en desastres por no sellar a Şengün y a los cortadores en el tiro final. Cada rebote ofensivo es una segunda vida para Houston que prácticamente ejecuta su plan en base al segundo intento a la canasta. En una serie playoffs, Lakers no puede seguir concediendo esto a pesar de estar arriba 3-1.
El tiempo como recurso táctico

Uno de los aportes más finos de El Laboratorio es tratar el tiempo no como una cuenta regresiva sino como un recurso táctico que se puede usar o desperdiciar.
En defensa, la ventana del doble marcaje —esa horquilla de 12 a 14 segundos— es el tramo en el que el ataque ya está comprometido con una idea pero todavía no ha desorganizado por completo a la defensa. Doblar antes regala margen de corrección; hacerlo después llega tarde o con falta.
Cuando quedan 3 o 4 segundos y el tirador se levanta, Lorenzo propone la técnica del flyby: el defensor salta lateralmente con la mano cercana al balón, pasando por el costado del atacante sin cruzar su trayectoria ni invadir su cilindro. Contestar el tiro sin regalar tiros libres, distinción que en playoffs tiene un peso enorme.
En ataque, el tiempo se manifiesta en no iniciar los sistemas demasiado tarde. El video muestra cómo en el Juego 4 los Lakers arrancaron con muchas posesiones importantes a destiempo, con bloqueos que llegaron con 14 o 15 segundos, primeras lecturas consumidas en bote y tiros forzados con el reloj ya en rojo. Tener la posesión no significa usarla bien. El exceso de bote mata la segunda y tercera opción de la jugada antes de que aparezcan.
Movimiento sin balón: la frontera entre la fluidez y el colapso

El análisis de Lorenzo es especialmente duro con el ataque de los Lakers cuando se queda estático. El contraste con los buenos partidos de la serie es evidente, porque en esos, el equipo se mueve sin balón. En el Juego 4, sin embargo, se clavó.
El movimiento sin balón cumple tres funciones simultáneas.
- Desorienta a la defensa: cortes, puertas atrás, cambios de lado y salidas de bloqueos obligan al defensor a dividir su atención entre balón y hombre.
- Genera espacios útiles: no todo espacio vale lo mismo, y los cortes de limpieza, los que se hacen para llevarse a un defensor y abrir la pintura a un compañero, son tan valiosos como los que buscan recibir.
- Mantiene la fluidez: cada corte debe ir acompañado de un reemplazo; cuando un jugador abandona una esquina, otro debe ocuparla.
Cuando esa cadena desaparece, la ofensiva de los Lakers se reduce a aclarados tardíos, bloqueos mal temporizados y triples forzados. El Laboratorio lo muestra como un cambio de identidad más que de acierto puntual.
Austin Reaves como llave táctica

En este contexto aparece la figura de Reaves con un peso específico. Su valor se mide en cómo reordena el tablero completo, además del aporte de puntos.
Su manejo del pick and roll obliga a pívots como Şengün a salir de la pintura, defender en espacios amplios y recorrer más metros, un desgaste acumulativo importante para Francisco Pinto, porque es una manera de atacar al pívot estrella de Rockets. Su corpulencia lo obliga a un juego más “estable”, si lo obligas a moverse desde el inicio del juego, a desplazarse en una gimnasia que lo agote, estás defendiéndote de Alperen lejos del costado defensivo, lo que en futbol se traduce como “defender atacando”. Hay que poner a Şengün a hacer cardio.
El triple como geometría del juego
Las gráficas que muestra El Laboratorio subrayan una caída clara en la eficiencia ofensiva de los Lakers en el Juego 4, muy ligada al triple. Para Lorenzo, el tiro de tres es la llave que abre o cierra espacios. Cuando los Lakers son respetados en el perímetro, Houston no puede hundir a sus interiores en la pintura sin pagar un peaje. Cuando no lo son, Şengün y compañía flotan cerca del aro, cierran penetraciones y se permiten ayudas más largas sobre LeBron y los manejadores.
La diferencia no está solo en el porcentaje, sino en la calidad del tiro. En los buenos partidos, los triples llegaron en ritmo, tras pase extra y con pies plantados. En el Juego 4, surgieron de ataques trabados, tras bote y con el reloj mordiendo. Es la consecuencia directa —y visible— de la ausencia de movimiento sin balón. Aquí entra la teoría de los que creen que el equipo se quedó sin piernas en ese juego.
Game on
El Laboratorio ya ofreció el mapa para el Juego 5. Insertado en la lógica de Pinto Lakers —con previas, crónicas y piezas específicas sobre cada figura de la serie— funciona como un aula en tiempo real donde cada partido corrige, confirma o descarta hipótesis.
El siguiente paso lo tienen que dar ellos.
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Máster Arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.
