Los Angeles Lakers abrieron su temporada 2026 con un mensaje de ruptura y continuidad a la vez. Rob Pelinka y JJ Redick insistieron en que el club no concibe el momento como una reconstrucción, sino como un nuevo comienzo.
El cierre de la era LeBron
Pelinka abrió la conferencia con un reconocimiento expreso a James. Agradeció lo que describió como una etapa importante para la franquicia —un título, regularidad en postemporada, presencia constante entre los equipos relevantes de la liga— y confirmó que, después de conocer la decisión de LeBron y Rich Paul de continuar en otra organización, el club comenzó a formular su nuevo plan. Las conversaciones fueron, según el gerente general, «diplomáticas y profesionales», y la separación se produjo de manera amistosa.
El mensaje buscó evitar cualquier lectura de confrontación. Los Lakers reconocen la dimensión del ciclo de James y entienden que el equipo debe mirar hacia adelante.
El plan y sus tres objetivos
Pelinka resumió la estrategia de la temporada baja en tres puntos: retener a Austin Reaves, adquirir un pívot de nivel franquicia y formar un plantel más joven y profundo con jugadores capaces de botar, pasar y lanzar. La organización considera que cumplió los tres. Reaves fue renovado como pieza central del proyecto, Walker Kessler llegó vía traspaso para reforzar el juego interior, y el resto de los movimientos redujo la edad promedio del equipo a aproximadamente 26 o 27 años.
Ese perfil de edad no es casual. Pelinka explicó que la plantilla fue pensada para acompañar la etapa de Dončić. La idea no es depender exclusivamente de su talento individual, sino rodearlo de jugadores que respondan a una identidad colectiva y puedan crecer junto a él.
Pelinka destacó además que Dončić participó en conversaciones con la franquicia sobre la dirección del proyecto —aclaró que las decisiones finales corresponden al gerente general y al entrenador, pero defendió la importancia de incorporar la visión de la superestrella para generar respaldo interno.
Kessler: la respuesta táctica
Redick fue contundente al explicar el encaje del pívot. Kessler operará como ancla defensiva cerca de la canasta, con la responsabilidad de proteger el aro y reducir la dependencia de los cambios defensivos del uno al cinco. Su presencia le permitirá al equipo presionar más en el perímetro con mayor agresividad, sabiendo que habrá una referencia defensiva detrás.
En ofensiva, Kessler debe complementar a Dončić y Reaves en situaciones de bloqueo directo. Redick destacó su capacidad para jugar cerca del aro, atacar el espacio tras las cortinas, capturar rebotes y finalizar alley-oops. Los Lakers fueron líderes de la liga en volcadas tras pase elevado la temporada anterior, y el cuerpo técnico espera que el nuevo pívot amplíe esa variante.
Pelinka fue todavía más directo al justificar la operación: pívots jóvenes, bidireccionales y compatibles con dos creadores de juego de élite son escasos en la NBA, y el club entendió que debía aprovechar la disponibilidad de Kessler cuando se presentó.
Una plantilla con competencia abierta
Redick señaló que habrá competencia real durante el campamento de entrenamiento. Hay puestos de titular y minutos de rotación todavía abiertos, especialmente en las posiciones de alero, donde el técnico aseguró disponer de varias alternativas.
Para JJ, el roster actual tiene una mejor lógica interna que en los dos años anteriores: perfiles más complementarios, más defensa exterior, tiro, manejo de balón y la posibilidad de distribuir responsabilidades sin sobrecargar a las figuras principales.
Los Lakers tienen 16 jugadores con contrato garantizado para un límite de 15 plazas en el roster de temporada regular. Pelinka señaló que la decisión final se resolverá antes del debut ante Golden State y dejó abierta tanto la competencia interna como la posibilidad de realizar un traspaso de consolidación.
Química, liderazgo y lo que ocurrió antes del campamento
Si Kessler es la respuesta táctica y Dončić el eje deportivo, la química fue el concepto que más repitió Redick durante la conferencia. Su tesis es que los equipos más conectados son los que mejor resisten las dificultades inevitables de un calendario de 82 partidos, y que la conexión humana entre jugadores y entrenadores resulta tan determinante como el talento o la construcción salarial.
Ese trabajo comenzó antes del inicio formal de los entrenamientos. Dončić organizó un viaje de integración a Eslovenia; la plantilla también desarrolló un minicampamento de veteranos en Las Vegas. Redick valoró esos encuentros como punto de partida para crear vínculos que puedan traducirse en mejor funcionamiento dentro de la cancha.
El técnico también dejó claro que el liderazgo no recaerá únicamente en Dončić y Reaves: espera que cada jugador lidere desde su propia personalidad y cumpla una función activa en la construcción de la cultura del equipo.
El respaldo institucional
La conferencia también sirvió para subrayar que el cambio no se limita a la cancha. Pelinka informó que los Lakers agregaron más de 15 personas a su estructura de front office, reforzaron los departamentos de estrategia y análisis, contrataron dos asistentes de gerente general y ampliaron áreas vinculadas al scouting.
La organización también reconstruyó servicios al jugador y de desarrollo físico con nuevas herramientas de recuperación y preparación. Zack Guthrie, hasta entonces entrenador de la filial de G League, asumirá un papel principal en el desarrollo de jugadores —un movimiento que Redick considera especialmente importante ante la llegada de una plantilla más joven.
Pelinka sostuvo que el objetivo no es simplemente igualar las capacidades del resto de la NBA, sino recuperar el estándar de oro asociado a la marca Lakers, desde el rendimiento deportivo hasta la infraestructura, la analítica y el acompañamiento cotidiano de los jugadores.
Sin paciencia para perder
La gran paradoja del nuevo ciclo es que los Lakers piden tiempo para desarrollarse, pero sin bajar sus expectativas. Pelinka lo expresó que la franquicia no le pedirá paciencia a su afición respecto a la aspiración de campeonato, porque esa exigencia forma parte de la identidad del club.
El discurso no es el de una reconstrucción que acepta temporadas perdedoras para acumular selecciones altas del Draft. Los Lakers no tienen esa cultura ni ese margen. La apuesta consiste en competir ahora, mientras el equipo consolida una estructura capaz de durar más de una campaña.
Los contratos multianuales adquieren valor estratégico en ese contexto: Pelinka y Redick consideran que la continuidad permitirá que el grupo crezca junto, que los roles se definan con mayor claridad y que el equipo deje atrás la dinámica de depender de contratos cortos y movimientos de emergencia.
La nueva era de los Lakers comienza con la premisa exigente de reemplazar el peso histórico de LeBron James no con una sola figura, sino con una arquitectura completa. Dončić como centro de gravedad, Reaves como socio ofensivo y líder emergente, Kessler como el sostén interior, y Redick como el responsable de convertir esa suma de piezas en un conjunto conectido, competitivo y aspirante al título.
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Máster Arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.
